Por: Lucio Gopar.
Fotos: Omar Maya Calv/Iván Laso.
En el universo creativo de Alejandra Pineda, las heridas se convierten en cicatrices doradas, el dolor se transforma en materia prima para la reinvención y la vulnerabilidad se revela como la mayor fuente de fortaleza. Esta artista oaxaqueña ha encontrado en la pintura un lenguaje para expresar su profunda cosmovisión, invitándonos a abrazar nuestras imperfecciones y a encontrar la belleza en lo que otros podrían considerar roto o dañado.
El trabajo pictórico de Alejandra Pineda explora el cuerpo, inicialmente el femenino, como un territorio en constante cambio, un espacio vivo donde la transformación, la fragilidad y la resistencia conviven en armonía. Lejos de concebir la anatomía como una forma perfecta o estable, la artista se adentra en las profundidades del ser humano, revelando las fisuras, los impulsos y las contradicciones que nos conforman.
Con acrílico y óleo, y en ocasiones incorporando materiales como el vino tinto y la hoja de oro, Alejandra Pineda crea obras que dialogan con la superficie, ampliando las posibilidades expresivas de la pintura y transmitiendo una sensación de movimiento y transformación constante.
A través de sus series, como «La Belleza de la Ruptura», Alejandra Pineda nos invita a explorar la grieta humana como un espacio de transformación, inspirada en el kintsugi, la antigua técnica japonesa que repara lo roto resaltando las grietas con oro.
En las palabras de la artista: «Exploro el dolor no como algo a ocultar, sino como materia prima para la reinvención. Lo roto no busca volver a ser lo que fue, sino transformarse en algo más valioso, recordándonos que la verdadera belleza surge de la valentía de romperse y volver a crearse», reflexiona la pintora.
En su serie «Cuerda Roja», Alejandra Pineda toma como punto de partida la leyenda ancestral del hilo rojo, pero la reinterpreta como una cuerda que nos conecta de manera indisoluble con nosotros mismos, un vínculo que se enrosca en el centro de nuestro ser para sostenernos.
«Esta exploración es un recordatorio de que el amor más transformador no es el que se recibe, sino el que se cultiva desde adentro. No es una promesa de encuentro con el otro, sino el compromiso de nunca abandonarse a uno mismo», comparte la artista.
A través de su arte, Alejandra Pineda nos invita a reflexionar sobre la importancia de abrazar nuestra vulnerabilidad, de transformar el dolor en fortaleza y de encontrar la belleza en la imperfección. Su obra es un testimonio de la capacidad humana para resurgir de las cenizas, para reinventarse y para encontrar un sentido más profundo en la vida.
Con cada pincelada, Alejandra Pineda nos recuerda que las situaciones difíciles, pueden ser transformadas en oportunidades, que los momentos críticos pueden ser el catalizador para convertirnos en personas más fuertes y que la verdadera belleza reside en la valentía de mostrar nuestras cicatrices.
Una forma de ver los obstáculos que no podemos controlar, en grandes retos que nos impulsen a tener nuevas etapas llenas de oportunidades, pero con mucha más fuerza y valor que antes, esa es parte de su cosmovisión que Alejandra Pineda ha podido visualizar.












