Por Mario A. Medina
¿Quién trajo a México a Isabel Díaz Ayuso y para qué?, se preguntó el miércoles en la conferencia mañanera la presidenta Claudia Sheinbaum.
Formalmente no se sabe quién la invitó. Unos creen que su anfitrión es Ricardo Salinas Pliego. Si así fue, seguramente el dueño de TV Azteca calculó que Sheinbaum se iba a oponer a que la madrileña viniera a México, y que iba a tener “argumentos” para golpear aún más desde TV Azteca al gobierno morenista.
Sobre la presencia de la madrileña, Sheinbaum dijo: “México es un país libre y Ayuso tiene toda la libertad de visitar el país, dar conferencias y expresar sus ideas”. “Lo importante es saber qué dice y con quién se reúne en su instancia en el país”.
Pareciera que quien la trajo fue Salinas Pliego, pero si uno observa otras señales, es posible que otro Salinas fue el que la trajo. Sí, exacto, está usted suponiendo bien, detrás de la visita de esta señora, chance, pueda estar el expresidente Carlos Salinas de Gortari. No lo dudo tampoco.
Otros suponen que su promovente es el PAN, cuya dirigencia comulga de manera destacada con Ayuso. Mi cálculo es que unos y otros decidieron acarrearla a México. Una cosa observo, el que la hayan traído a tierras aztecas tiene que ver con un problema de masoquismo de sus promotores aquí, de sentirse menos. Pareciera que esta derecha, en pleno siglo XXI, disfruta ser conquistada. Las cuentitas de vidrio la atontan.
Trajeron al país a la presidenta de la Comunidad de Madrid, una mujer que no le ha ido muy bien en el parlamento de la capital española. Ha sido acusada de “traidora a la patria”, de trabajar para los intereses extranjeros, algo así como la gobernadora de Chihuahua, Maru Capos o como Lili Téllez. Igual que esta última, desde la tribuna, Ayuso hace uso del escándalo, de la ofensa a sus opositores, amén de ser acusada de “corrupta”.
El que la derecha haya traído a la señora Ayuso para homenajear a un personaje como Hernán Cortés creyendo que las y los mexicanos íbamos agradecer el acto y hasta festejarlo, es no conocer la historia, es no entender quién fue realmente Cortés, y afirmar que aquella “conquista” fue un acto de amor, es ser muy imbécil.
Al llegar al país, Ayuso intentó que en la Catedral se hiciera una misa en memoria del “conquistador”, pero la Arquidiócesis Primada de México canceló la ceremonia que llamaron: “por la evangelización de los pueblos, el mestizaje y la paz”. En la Basílica de Guadalupe buscó mostrarse en rezo, postura difícil de creer, y es que la señora reconoció, no hace mucho, ser una “no creyente” declarada. Un medio español publicó: “ha abrazado la fe en los últimos años, pero hay quien no les da mucho crédito a sus palabras”. Ha asegurado que es católica y queva a misa «casi todas las semanas». Claro, ¿cómo no?, si milita en el Partido Popular y vive en un país mayoritariamente católico, conservador.
Mala elección, aquí en México, de quienes acordaron con ella su visita. Pensaron que la conservadora del Partido Popular les iba a atraer simpatías. ¿Cómo se les ocurre traer a alguien que insulta a los mexicanos, que escribe México con J; que nos sigue viendo como aldeanos?, que afirma que aquellos conquistadores vinieron a civilizarnos y debemos agradecerlo.
Así como la madrileña ultraderechista nos desprecia, lo mismos ha hecho la derecha mexicana al traerla. Todos y todas quienes festejan su presencia en el país, nos desprecian como población; suponen que, como ellos, nos íbamos a deslumbrar por una güerita que llegó del otro lado del charco.
Quienes la trajeron, se arrodillaron ante esta Isabel, le encendieron incienso y le ofrecieron el oro. No entienden que los mexicanos repudiamos el postrarnos, el humillarnos frente a aquel pasado y menos “reivindicar a un conquistador medieval en pleno siglo XXI”.
De risa el colofón de la visita de la madrileña. Se regresa a España antes de lo programado. Se victimiza. Ha acusado a la presidentA Sheinbaum de “boicot”; de «amenazar con cerrar el hotel» en Quintana Roo donde se celebran los Premios Platino si acudía la presidenta madrileña.
Pienso mal. Isabel Díaz Ayuso lo tenía todo fríamente calculado. Debía interrumpir su visita de manera “inesperada”, y así lo hizo.
Acusó un «clima de boicot» propiciado por «el gobierno de ultraizquierda mexicano». Su propósito no era ganarse las simpatías de las y los mexicanos, ello le tenía sin cuidado. Su fin, claro, es su electorado, la España conservadora y hasta la ultraderecha franquista.
Provocadora, sabía que lo de Hernán Cortés le iba traer repudio y así lo previó. Descalificó los programas de Bienestar, dijo que México “está a dos pasos de llegar al camino de Venezuela. Debía mostrarse bien bragada. Y es que la Ayuso está preparando el camino para ser la candidata presidencial del conservadurismo español.
Que no le cuenten…
Si, sí, sí, síííí, vacaciones, pero VACACIONES PERMANENTES a Mario Delgado,












