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Inteligencia que incluye: ciencia, mujeres y el nuevo pacto del futuro

Lic. Christell Gómez Navarro

Cada 11 de febrero recordamos que la ciencia no es neutra: refleja las estructuras de poder de la sociedad que la produce. El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026 nos plantea un desafío mayor: aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero para construir un futuro verdaderamente inclusivo para mujeres y niñas. No es una consigna simbólica. Es una arquitectura estratégica. Vivimos una era en la que la inteligencia artificial redefine diagnósticos médicos, modela escenarios climáticos, optimiza cadenas productivas y transforma la educación. Pero la tecnología, por sí sola, no garantiza equidad. Si los algoritmos se diseñan sin perspectiva de género, pueden amplificar desigualdades preexistentes. Si los datos no representan a todas, los resultados tampoco lo harán.

Por ello, la integración de cuatro pilares resulta fundamental. Primero, la inteligencia artificial como herramienta de análisis y solución de problemas complejos. Segundo, las ciencias sociales como conciencia crítica que orienta políticas públicas equitativas, fomenta la participación comunitaria y diseña estrategias de cambio de comportamiento. Tercero, las disciplinas STEM como base técnica que permite desarrollar, implementar y sostener estas innovaciones. Y cuarto, los mecanismos financieros con perspectiva de género que aseguren capital para educación, investigación y emprendimientos liderados por mujeres.

Cuando estos ámbitos convergen, se genera algo más que innovación: se construye justicia estructural. Las cifras son claras. Según datos de la UNESCO, las mujeres representan menos de un tercio de la comunidad investigadora mundial. Esta brecha no solo es una cuestión de representación; es un problema de calidad científica. La diversidad mejora la toma de decisiones, amplía las preguntas de investigación y fortalece el impacto social del conocimiento. Cerrar la brecha de género en STEM no significa únicamente aumentar matrículas femeninas. Implica garantizar permanencia, liderazgo y financiamiento. Implica que las niñas accedan a competencias digitales desde edades tempranas. Implica que los equipos de desarrollo tecnológico incluyan voces diversas en cada etapa del proceso. También implica rediseñar el sistema financiero. Instrumentos como la inversión de impacto, los fondos con perspectiva de género y la financiación combinada pueden acelerar empresas emergentes lideradas por mujeres y asegurar que la innovación no sea privilegio, sino motor de movilidad social.

La ciencia al servicio de un futuro inclusivo exige responsabilidad. Exige gobernanza ética de la inteligencia artificial. Exige políticas basadas en evidencia. Exige inversión sostenida. Pero, sobre todo, exige convicción. No se trata de incorporar mujeres a sistemas que históricamente las excluyeron. Se trata de transformar esos sistemas desde el conocimiento y la competencia. El futuro no será inclusivo por inercia. Será inclusivo si diseñamos tecnologías con perspectiva social, si financiamos talento femenino y si entendemos que la excelencia científica necesita diversidad para prosperar.