Por Mario A. Medina
“Vergonzoso”, “grotesco”, “nada profesional”, “nada ético”, son varios de los términos con que se ha calificado la publicación que el diario El Universal reeditó y publicó en su portal electrónico en días pasados, una entrevista a Carlos Monsiváis hecha por el periodista Edmundo Cázarez hace 26 años con agregados que no fueron incluidos en el original que publicó El Sol de México, porque AMLO iba a ser jefe de Gobierno de la capital del país.
Igual que a la familia de Monsiváis, el texto generó “profundo desconcierto e indignación” a quienes lo leímos y revisamos. La presidentA Claudia Sheinbaum Pardo comentó al respecto: “es grotesco, la podredumbre a la que llegó El Universal, es increíble, de no creerse”.
Efectivamente, la publicación, es más que claro, no tenía el propósito de ofrecer un homenaje al escritor en su 16 aniversario luctuoso, como aseguraba el diario. No, en lo absoluto. El fin era otro, descalificar al expresidente Andrés Manuel López Obrador quien, presuntamente fue aludido por Monsiváis en la entrevista:
“Déjeme contarle que, hace algunos años, le di cobijo a Andrés Manuel López Obrador cuando llegó de Macuspana, Tabasco, a los 19 años de edad; había asesinado, accidentalmente, a su hermano. Lo tuve aquí en mi casa por espacio de 9 meses, pasé deliciosas y divertidas noches con él. López Obrador, por dinero…¡era capaz de hacer lo que fuera!”
Quienes conocieron de cerca a Carlos Monsiváis, sus amigos, sus lectores asiduos, y como han señalado sus familiares, “Carlos jamás pudo haber dicho lo anterior. No se corresponde con su característico estilo literario ni con su probidad ética”.
Este intento lo han repetido en “N” número de ocasiones. Tan sólo hay que recordar una campaña mediática que buscó desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador antes de las elecciones presidenciales de 2018. Quien la ideó y operó fue el escritor, que ha intentado imponer entre la gente su visión “mesiánica” del tabasqueño.
La campaña tenía como estrategia la difusión de mensajes en redes sociales donde se desacreditaba a López Obrador, y fueron señalados de haberla financiado, empresarios como Francisco Agustín Coppel Luken, de tiendas Coppel y Alejandro Ramírez Magaña, dueño de Grupo Cinépolis, entre otros.
Han sido decenas y decenas de campañas donde los medios de comunicación corporativos han publicado reportajes, entrevistas con información falsa, comentarios golpeadores sin sustento, como la entrevista referida.
Por ello, es inverosímil que el editor del diario, el de la página digital o el mismísimo director editorial del El Universal, no hayan revisado el contenido de los audios de la entrevista donde Monsiváis supuestamente habría descalificado y tenido una relación íntima con Andrés Manuel.
Quienes hemos asumido la responsabilidad de la edición de un periódico, sabemos que notas, reportajes, entrevistas y opiniones, sobre todo por la naturaleza de una entrevista como la alusiva, la responsabilidad de su contenido no sólo corresponde al autor sino también y principalísimamente a los directivos del medio.
El Universal es una empresa con 110 años de trayectoria periodística, por ello no es creíble que no se haya pretendido “provocar daño a la imagen de persona o institución alguna” ni tampoco se haya “cotejado el contenido de la entrevista con la grabación” de Cázarez como señala el diario al ofrecer disculpas a la familia de Carlos Monsiváis y a sus lectores.
Pareciera que se quiere atribuir su publicación a un error o a una distracción. Tan no fue error ni distracción que la misma “cabeza” de la entrevista hace suponer que había el propósito de la descalificación: «Una vieja charla con Carlos Monsiváis; López Obrador estaba loco con sus desmedidos sueños de grandeza”;
La redacción del cabeceo tenía más que un objetivo político como lo tienen y lo han tendido montones de publicaciones y comentarios que han hecho y hacen uso de la difamación, de la mentira, de la calumnia como arma política para tratar de tirar un proyecto político a través de una narrativa desinformadora.
Efectivamente “es grotesca la podredumbre a la que llegó El Universal” pero también es de sí creerse, porque no es la primera vez que ocurre con este diario y otros medios que igual practican la desinformación y la calumnia.
Podemos decir de la intención de la entrevista que es un hecho “vergonzoso”, “grotesco”, “nada profesional”, “falto de ética”; todo cabe. No debe espantarnos.
Debemos tener claro, sí, que es parte de una estrategia golpeadora de la derecha que tiene una intención rectora: dañar la imagen de López Obrador como ofensiva para descarrilar el proyecto de la Cuarta Transformación y como extensión del papel que han jugado los medios en América Latina en el regreso de la derecha a gobernar.
Que le cuenten…
*Se quedaron con los estadios, pero no nos quitaron las calles*. Las entradas al Azteca, al Akron, al Gigante de Acero para presenciar algunos de los partidos del mundial de futbol eran, son prohibitivas: 25, 35, 50, 75 y hasta cien mil pesos o más pesos pagaron los muy poquitos del “billuyo” para hacer suyos los recintos futboleros. Afuera, por la Mocro-plaza, La Minerva, El Arco de la Calzada, Santo Domingo, el Zócalo, El Paseo de la Reforma, El Ángel, por toda la geografía nacional, los clasemedieros, los de la clase baja y muy baja, millones, cantaron, brincaron, disfrutaron de la lluvia, de los triunfos del tricolor futbolero, fueron, fuimos felices. Sí, Se quedaron con los estadios, pero no nos quitaron las calles.












