Por Mario A. Medina
Morena, desde su fundación, ha vivido de sus figuras, la de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum Pardo. De 2018 a la fecha, cada elección prácticamente ganó todas, gracias a la inercia que representaba, particularmente, la lucha del tabasqueño.
Sin embargo, ha sufrido un desgaste lógico, generado por muchos factores que obliga a la presidentA Sheinbaum a “refrescar” al partido, hacerlo más eficaz en momentos en que sus contradicciones, pudieran estarlo llevando a repetir historias que podrían ser graves para el bienestar de la Cuarta Transformación (4t).
Al partido guinda estarían llegando (ojo), dos mujeres, dos operadoras que no tienen pedigrí, que no son “hijas de papi”; una y otra han trabajado a ras de territorio, calles, secciones, colonias.
Toca base Citlalli Hernández, una joven política quien estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM; y aunque con la carrera trunca, supo acercarse a la política. Su contacto primario en Morena fue Martí Batres Guadarrma, quien además de los cargos públicos que ha tenido, fue el primer presidente de Morena.
Batres es considerados uno de los “duros” dentro de este partido, un político de izquierda, de cepa, de amplia trayectoria. Militó en el PMT, PSUM, PMS, PRD y fue fundador de Morena. Citlalli, desde su alcaldía, Iztacalco, fue ganando espacios al lado de Batres, haciendo trabajo de base, amén de ser una “convencida” del lópezobradorismo.
Muy joven mostró sus capacidades políticas y mucha empatía con la gente, en una alcaldía de clase media baja y baja. Quien la conoce comenta que, si bien pudo abrevar de la experiencia y de la ideología política de Batres, “Andrés Manuel es su maestro”, pero sus capacidades le permitieron ser diputada local, Senadora, secretaria general de Morena y finalmente, secretaria de las Mujeres.
Citlalli regresa a Morena porque sabe negociar; conoce las fortalezas y debilidades de petistas y verdes. La tarea que le ha encomendado la presidentA es muy clara: evitar un rompimiento con ambos institutos políticos porque seguramente en Morena saben que sí le son necesarios unos y otros para tener mayoría y mayoría calificada en el Congreso.
Y aunque al escribir este texto, no ha hecho oficial su renuncia a la Secretaría del Bienestar, todo indica que Ariadna Montiel será la presidenta de Morena en lugar María Luisa Alcalde Luján.
Ariadna, aunque mayor que Citlalli, participó en el mecanismo “Servidores de la Nación”, un espacio de facilitadores sociales para hacerles llegar a diversos sectores de la población, como estudiantes, madres solteras, discapacitados o personas de la tercera edad, becas, apoyos. Con AMLO fue subsecretaria de Bienestar, luego secretaria y, al llegar a Palacio Nacional, Sheinbaum la ratificó en el cargo.
Arquitecta egresada de la UNAM, fue directora general la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) de la Ciudad de México en el gobierno de Marcelo Ebrard. En el PRD-DF fue secretaria de Jóvenes, de Finanzas y de Relaciones Políticas y Alianzas.
Ariadna, tiene una amplia experiencia en las lides internas, conoce el territorio gracias a su militancia en el PRD y su participación en la IDN, hoy Movimiento Nacional por la Esperanza (MNE) que lidera el profesor René Bejarano Martínez, a quien Andrés Manuel López Obrador, siendo jefe de Gobierno, lo nombró su secretario particular.
En momentos difíciles, el “profe”, supo ser leal, guardar silencio, sacrificarse y aguantar. Su movimiento tiene una amplia presencia en todo el país y prácticamente todos los “esperancistas” se sumaron a la construcción de Morena.
Alcalde Luján y López Beltrán, se van o, mejor dicho, los echan. Luisa María se tiró a la maca, supuso que el efecto López Obrador iba a facilitar seguir construyendo al partido. No se le recuerda haber salido, por sí sola, en la defensa de la presidenta Sheinbaum cuando Donald Trump o la derecha la atacan. Su participación era solo reactiva.
En tanto, López Beltrán se dedicó a recorrer mundo, de compras en tiendas de “marca”, cual junior “fifí”. Una pena el muchacho frente a su padre. Ella y él, como dirigentes de Morena, siempre estuvieron un paso atrás o, mejor dicho, muchos pasos a la zaga de la presidentA.
Algo queda claro, Ariadna y Citlalli, “tienen credenciales impecables en su trayectoria obradorista”, ha señalado el periodista Jorge Zepeda Patterson y, desde luego, toda la confianza de la presidentA que las hace conformar, digamos, algo así como una corriente nueva, la del obraclaudismo, una simbiosis del expresidente y de la presidentA.
Tienen frente así, varias tareas complicadas, desde frenar los cacicazgos de los gobernadores morenistas que siguen actuando como lo hacían los priístas; igual a nivel municipal donde aflora la corrupción; atender el enojo de la militancia y de la población que está decepcionada de sus gobiernos, de candidatos impresentables que llegaron del PRI, del PAN, del PRD o propios; desde luego, de personajes como Ricardo Monreal, Padro Haces Barba o Adán Agusto que deben ser, al menos, jubilados de Morena.
Con Ariadna y Citlalli, dos mujeres de su confianza y cercanía, Claudia Sheinbaum toma las riendas del partido, porque está clara que es necesario poner orden, antes que el destino las y los alcance.
Que no le cuenten…
Si la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos violó la Constitución la Ley de Seguridad y aceptó que agentes de la CIA participaran en operaciones anticrimen, y quién sabe en cuantas intromisiones más, ¿por qué no enjuiciarla como traidora a la patria, lo mismo que a la Senadora Lili Téllez que todos los días llama a la intervención de los gringos en territorio nacional?












