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CRÓNICA POLÍTICA: ¿Cuántas candidatas mujeres a gobernadoras?

Rosy RAMALES/ opinion

 

Al corte del seis de noviembre del 2015, el Padrón Electoral nacional arrojaba el registro de 44 mil 248 mil 396 mujeres y 41 mil 152 mil 724 hombres; mientras que la Lista Nominal 43 mil 444 mil 215 mujeres y 40 mil 396 mil 146 hombres, según la estadística del Instituto Nacional Electoral (INE).

 

Como pueden observar en ambos documentos electorales fundamentales, las mujeres son mayoría, representan alrededor del 52%. Considerando solamente la Lista Nominal, en estos momentos hay más mujeres con calidad de electoras; es decir, en aptitud de poder votar en las elecciones del 2016 y seguramente decidirán la elección en su respectiva entidad federativa, de las 12 donde habrá comicios para renovar la gubernatura.

El Padrón y la Lista Nominal en cada estado fluctúa casi de manera similar que el porcentaje nacional.

 

En ese contexto cabe preguntar: ¿Y cuántas gobernadoras hay? ¡Una! Una gobernadora en un universo de 31 estados: Claudia Pavlovich Arellano, quien recientemente tomó posesión como Gobernadora de Sonora, de extracción priista.

 

Y al frente del gobierno del Distrito Federal solamente ha habido una mujer: Rosario Robles Berlanga, entonces por el PRD y eso porque sustituyó a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano cuando éste compitió por tercera ocasión por la Presidencia de México.

 

En total en México solamente siete mujeres han tenido la oportunidad de llegar a gobernar una entidad federativa: Griselda Álvarez Ponce de León en Colima, Beatriz Paredes Rangel en Tlaxcala, Dulce María Sauri Riancho en Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco también de Yucatán; Amalia García Medina en Zacatecas, Rosario Robles Berlanga en el D.F, y la nueva, Claudia Pavalovich en Sonora.

 

Dulce (igual que Rosario) no llegó por la vía electoral, sino la eligió el Congreso de Yucatán como gobernadora interina cuando el mandatario Víctor Manzanillo Schaffer solicitó licencia al cargo.

 

De las siete mujeres titulares del gobierno de una entidad, cuatro han salido de las filas del PRI y dos del PRD. ¿Y el PAN?

 

Griselda Álvarez Ponce de León, que fue la primera gobernadora de un estado, fue maestra, escritora y política. De acuerdo a su biografía, en 1976 es electa senadora por Colima, y en 1979 es postulada como candidata del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Popular Socialista (PPS) al gobierno de dicha entidad, resultando electa por 72 mil 791 votos contra 15 mil 751 votos que obtuvo el candidato del PAN, Gabriel Salgado Aguilar.

¡Qué tal! Una diferencia contundente por abismal.  Sin duda, una muestra del éxito electoral de una mujer talentosa. Y la elección ocurrió hace 36 años, cuando en nuestro país estaba más arraigado el rechazo hacia la participación política de las mujeres.

¿O persiste el rechazo a pesar de que en el discurso de los partidos políticos está de moda la equidad de género?

 

Mujeres, hay. Y las hay talentosas, preparadas, y participando ya en espacios dentro de la administración pública federal y estatal, en los ayuntamientos, en los congresos, en los partidos políticos. Se han abierto camino a punta de resoluciones jurisdiccionales, y en los últimos tiempos han contado con una aliada como María del Carmen Alanís Figueroa, magistrada de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Y aun así, los espacios siguen siendo insuficientes en comparación a la aportación electoral de las mujeres.

 

La lucha por alcanzar la paridad ha cristalizado en parte en torno a las elecciones para integrar el Poder Legislativo, en los órdenes federal y estatal. En cuanto a los ayuntamientos algunas entidades federativas siguen a la zaga. No se diga el Poder Judicial (en ambos niveles), hay más ministros, magistrados, jueces.

 

¿Y el Poder Ejecutivo? Claro, éste es unipersonal. Sin embargo, bien podrían idear una fórmula legal para impulsar la existencia de más gobernadoras. Por ejemplo, obligar a los partidos políticos a postular mujeres en la mitad de las entidades federativas donde haya elecciones de gobernador en el año de que se trate. En esa hipótesis, para las elecciones del 2016, donde 12 entidades renovarán gubernatura, los partidos tendrían que postular mujeres en seis. ¡Qué tal!

 

Pero como la idea aún es como arrancarle un suspiro al viento, pues en cada partido político las mujeres necesitan empujar fuerte para que en 2016 haya varias candidatas a la gubernatura de su respectiva entidad federativa. Y en vez de pelearse, mejor unirse y pactar para impulsar de entre todas las aspirantes a una de ellas.

 

En fin, a ver qué pasa en el 2016. Lo que sí, el ejemplo de la elección de Griselda Álvarez Ponce de León, quien le ganó a un hombre por 57 mil 40 votos de diferencia, convirtiéndose en la primera mujer en gobernar un estado, el de Colima, es un ejemplo que debe multiplicarse, no como una lucha de superioridad, sino como una lucha de derechos.

 

Es más, eso de aceptar ir siempre en la segunda posición en los órganos de dirección partidista, es aceptar la discriminación por género.

 

CASO OAXACA

En Oaxaca en 2016 habrá elecciones para renovar la gubernatura, el Congreso y los ayuntamientos, y por lo menos en dos partidos políticos (hasta el momento) se ven mujeres con aspiración a ser postuladas al gobierno del estado y son mujeres competitivas.

 

En el PRI están: Mariana Benítez Tiburcio,  actual diputada federal y ex Subprocuradora de la PGR; Narcedalia Ramírez Pineda, directora del Instituto Nacional de la Economía Social, y María de las Nieves García Fernández, ex diputada federal.

 

Y en el PAN está Eufrosina Cruz Mendoza, ex diputada federal y local, quien ha dando una importante lucha por los derechos de las mujeres indígenas.

 

En sendas entrevistas periodísticas, cada una de ellas ha dejado ver su aspiración al decir, por ejemplo, que “sería un honor” competir y gobernar la entidad.

 

El argumento de los varones para descartarlas es que “salen muy bajas en las encuestas”. ¿Las encuestas de quién? Las mediciones son relativas, y con una buena e intensa campaña pueden ser superables.

 

Además son encuestas inequitativas, no simplemente respecto de las mujeres, sino de todos los aspirantes porque mientras los punteros llevan más de seis años en campaña y con toda la mesa puesta, el resto no tiene mucho que alzó la mano y pronto se han colocado en el debate.

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