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Antorcha ofrece su fuerza y su voz a quienes padecen los efectos del Covid-19

Por: Dimas Romero González

El Movimiento Antorchista Nacional ha insistido desde hace varias semanas, acerca de la urgente necesidad de que los tres niveles de gobierno implementen programas reales de apoyo a los distintos sectores sociales que padecen los estragos de la crisis sanitaria.

A pesar de que nuestras peticiones en las redes sociales han sido masivas y de carácter nacional, colocándose casi sin excepción como trending topic, han sido olímpicamente ignoradas por las autoridades, que solo han aparecido en los medios de información, entregando algunas despensas y mascarillas o gel antibacterial, escenario en que vierten promesas vanas de ayuda a los ciudadanos y llamados huecos a la unidad de la sociedad para infundir ánimo y fortaleza. Como quien ofrece una aspirina para un paciente que sufre una enfermedad grave.

En Oaxaca, en los distintos medios de comunicación, hemos visto en la capital del estado, por ejemplo, los desesperados actos de personas que, ante la angustia que provoca el confinamiento sin recursos para mantener a sus familias, han colocado trapos blancos en sus hogares, con leyendas en que piden al presidente municipal y al gobernador que apliquen un programa alimenticio; también escuchamos en la radio, el llamado del líder de los aseadores de zapatos del centro histórico, que clamaba por un apoyo de cien a doscientos pesos para cada uno de los trescientos miembros de su organización, ante la imposibilidad de acceder al zócalo a trabajar; vimos, además, a los más de 300 trabajadores de las ferias rodantes que no tienen trabajo, poner a la venta sus juegos mecánicos, ofreciendo además sus servicios como carpinteros o plomeros ante la imposibilidad de trabajar; asimismo, a los comerciantes establecidos en el centro, abrir por la fuerza sus locales ante los nulos apoyos a su sector; de igual forma, a personal médico de varias regiones en el estado, que acusan a las autoridades de no brindarles los insumos necesarios para hacer su trabajo, por lo que hay un elevado número de infectados, por ejemplo, en el hospital de Especialidades, cuyo personal pide se declare en cuarentena o el hospital de la Mujer y el Niño Oaxaqueño, en el que renunció todo el personal por no contar con las condiciones mínimas para laborar; y finalmente, el pasado sábado, a los más de mil policías municipales que hicieron huelga de brazos caídos por la falta de apoyo del presidente municipal, Oswaldo García Jarquín, que no les ha brindado ni mascarillas, a pesar de que hay por lo menos un fallecido y 12 elementos contagiados que se sostienen con la ayuda de sus compañeros, que además fueron amenazados por sus superiores para que no denunciaran la problemática que los afecta.

Es decir, la sociedad oaxaqueña, en distintos sectores, está haciendo crisis ante la insensible actitud de las autoridades que, conscientes de que la nuestra es una sociedad con poca educación política y con escasa participación en la solución de sus demandas, esperan a que pase la crisis, confiando en que los afectados no se unirán para exigir soluciones ni exhibirán la incompetencia gubernamental ante la pandemia.

¿Pero ante la inacción de la sociedad que padece los estragos de esta crisis sanitaria, económica y social, existe una alternativa? Me cuestionó una importante personalidad del sector empresarial del estado, con evidente interés de encontrar soluciones para el gremio que representa. Existe -le respondí-, hoy hago extensivo nuestro planteamiento a los oaxaqueños, porque la encrucijada en que nos ubicamos requiere que quienes buscamos edificar una sociedad más justa y equitativa para todos los mexicanos, encontremos las

afinidades, pero, sobre todo, discutamos y allanemos las diferencias con argumentos y propuestas constructivas.

La respuesta a los grandes males sociales en los países que han logrado el verdadero progreso y desarrollo, ha sido la organización de los millones de brazos y cerebros que padeciendo la injusticia del Estado que los oprime, han tomado conciencia de su fuerza y poder, que radican en su número. Y eso es lo que la realidad exige en nuestro país, se requiere la unidad de todos los sectores maltratados, de las clases medias y pobres, de los medianos y pequeños empresarios con la clase trabajadora, cuyo destino está unido como la piel al cuerpo, se requiere dejar los prejuicios y estigmas promovidos por los gobiernos y los grupos de poder para dividir a nuestra sociedad, entender que esos gobernantes que hoy mienten flagrantemente acerca de los apoyos hacia los afectados por la pandemia, esos que maquillan los datos de contagios y fallecimientos para que la población retome sus actividades sin que se tenga que invertir dinero en apoyos, son precisamente quienes dividen criminalizando la organización de las capas populares, quienes con un supuesto discurso en favor de los pobres siembran fobia contra los empresarios que solicitan apoyo para mantener los empleos que generan.

Veamos a los tres niveles de gobierno y su actuar: al municipal, cuyo titular, iracundo amenazó con reprimir hace unos días a quienes criticaban su fallido gobierno, que presume de progresista pero deja morir a los policías sin protección y apoyo, amenazándolos con despedirlos si denuncian sus carencias, y que por si fuera poco, presiona y amenaza a los empresarios para que paguen sus impuestos so pena de sufrir las consecuencias por no contribuir al erario, sin atender su petición de alguna condonación o estímulo en este difícil periodo para que puedan seguir operando sus empresas; al estatal, que sigue el pie de la letra la política demagógica y peligrosa de la 4T para enfrentar esta pandemia, sin implementar un programa alimenticio para los más de 2 millones y medio de oaxaqueños que hoy padecen hambre porque no tienen trabajo; y al federal, que privilegia sus proyectos faraónicos e inviables y sus programas asistenciales con tintes electorales, sin aplicar programas alimenticios para los más de 40 millones de mexicanos que no reciben apoyo alguno ni tienen trabajo, además de que niega apoyo a la pequeña y mediana empresa, reprochándoles los subsidios y exenciones que se le han dado y se le siguen dando solo al gran capital.

Solo la unidad de las mayorías afectadas podrá cambiar la situación caótica de nuestra sociedad. Por lo pronto, de nueva cuenta, los antorchistas nos sumamos a las justas peticiones de quienes no tienen para alimentarse, del personal médico que exige insumos adecuados para seguir salvando vidas y a la de los policías municipales que están arriesgando su vida para mantener el orden en la capital y necesitan suplementos para protegerse y atención médica.

Urge formar una fuerza tan grande que, si mediante sus exigencias masivas no logra que las autoridades resuelvan sus genuinas demandas, pueda entonces formar un nuevo partido político, uno verdaderamente democrático, que represente a las mayorías para llevarlas a tomar el poder en favor de todos y no los pocos de siempre. A grandes males, grandes remedios.

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